La Contraloría en llamas

Estamos a las puertas de concluir la segunda década del siglo 21 y con seguridad nos encontraremos entre los hechos e imágenes que la marcaron, al edificio de la Contraloría General del Estado en llamas en medio de un escenario de un Quito apocalíptico nunca antes visto.

Esta noticia que ha recorrido el mundo entero no parece haber causado en nuestra sociedad el impacto que corresponde. No debemos olvidar que la Contraloría General del Estado, constitucionalmente es uno de los organismos que integran la Función de Transparencia y Control Social, cuya función principalmente es promover el control de las entidades y organismos del sector público, y prevenir y combatir la corrupción.

De hecho, según lo define la Constitución de la República del Ecuador la Contraloría es un organismo técnico encargado del control de la utilización de los recursos estatales y de las personas jurídicas de derecho privado que dispongan de recursos públicos, es decir de señalar a la Fiscalía los indicios por delitos de peculado, cohecho, concusión, enriquecimiento ilícito y demás delitos relacionados con la administración pública.

No puede pasar por alto que estos hechos ocurrieron en medio de un estado de excepción y de un toque de queda, y que fueron cometidos por alrededor de 30 encapuchados que hoy se encuentran procesados por terrorismo y que enfrentan una pena de hasta 13 años de prisión, al haber irrumpido en un edificio público y provocado deliberadamente el incendio y destrucción de información que documenta actos de corrupción.

Quedará registrado en nuestra memoria cómo la muchedumbre impidió el trabajo de los bomberos, lo que por cierto también es una infracción penal autónoma, o en el mejor de los casos, les atribuye responsabilidad en el grado de coautores o cómplices del terrorismo.

En fin, quizás este destino -el de arder en llamas en manos del pueblo- le sobrevino a la Contraloría tras ser una entidad cómplice de años de corrupción en el mas grande saqueo registrado en la historia del país, y si lo vemos así, quizás la Contraloría estaba en llamas hacía ya algún tiempo atrás.

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